duende del vino II
4. Febrero 2007 | Por gunther | Categoria: Actual, bodega, vinoa continuación de duende del vino
Nos fueron facilitadas unas sillas de anea totalmente restauradas y con olor a casi siglo, y fuimos tomando asiento formando un semicirculo al pequeño fuego con tal que no se escapara ni una llama ni un instante de la humanidad que desprendía.
A nuestra derecha un corpulento gato romano hacía las veces de anfitrión, a la vez que no perdía detalle del olor que desprendía una tripa de longaniza y unas roscas de morcilla que desfilaban escaleras abajo. Raro fue, pero no era mujer quien regía el solemne desfile.
Se unieron a nosotros y la llama con al observar la algarabía creada se avivó deleintándose con el exclusivo manjar, que en principio, se disponía a degustar. Tan sólo con los efluvios que se produjeron en nuestro olfato sentimos una terrible sed; a esto acudió de inmediato el conviante, no antes de dar el alto al referido desfile, y colocar la tropa en la bazareta del rincón.
Incorporandose a nuestra amena tertulia nos ofrecio un vaso redondo, pequeño para la sed que teniamos, y algo achatado. En su interior de nuevo dios, con un color rojo fuego. Entre el frío y la sed que padeciamos y el alejamiento de la realidad del que disfrutábamos fue consumido en dos tragos.
Instantes después llegaron las preguntas: ¿por qué? ¿Para qué? ¿Cuándo? ¿Quién? ¿Con quién?; y entre medias de nuevo dios venía a nuestra ayuda.
Y las viandas que ya habían salido del infierno aunque con sabor a gloria fueron depositadas en un plato y cogidas por las dos manos de uno de los asistentes. Que yo recuerde hasta siete veces entró el grandioso dios por mi boca esa noche. De las viandas no recuerdo nada porque la verdad, supieron a poco.
Más preguntas surgieron y el tertuliano que sostenía el plato, ya limpio después de haberlo rebañado con el pan, sugirio:
Lo importante no es eso sino el cómo.
Cómo podríamos escapar de aquel mágico templo? Ya las piernas comenzaban a temblar y la luna preparaba el desayuno para su consorte el sol. A lo lejos comenzó a sonar una música suave y melódica; eran los pasos acompasados de una yunta de mulos que se disponían a visitar a la máxima responsable del delirio del que disfrutabamos: La viña.
Si no recuerdo mal creo que era mediados de Febrero. El frío, según me contaron con posterioridad, esa mañana tenía un color negro azabache. No obstante en ningún momento llegué a ser consciente de la realidad exterior.
Bajo mis pies tenía un mundo nuevo, extraño, limpio y envolvente que me poseía por completo y del que me sentía elemento imprescindible. Llegó un momento en el que no distinguía si mi mente se encontraba totalmente repleta de conocimiento o si en realidad estaba vacía, ligera y sin ningún peso. Todo lo que se desarrollaba a mi alrededor era desconocido para mí y sin embargo preveía los acontecimientos posteriores.
De repente la música melódica y suave dejó de sonar. Se oyeron tres secos golpes con la mano de hierro de la vieja puerta de madera. Creimos que alquien venía a arrancarnos del majestuoso templo; pero no fue así. Abrí los ojos con enorme dificultad y regresé al maldito mundo real. Se escuchó el maullido del gato romano y en el mismo instante en que terminó una voz ronca y algo “tomada” debido al frio gritó: ¡ Amos! ¡Que es mediodía!. Se trataba del mulero. No tuve más opción que echar los pies al suelo y quedarme con el consuelo de que durante el día me disponía a mimar a la madre del maravilloso mundo ficticio: La viña
HOMBRE DE BODEGAS








Cómo podríamos escapar de aquel mágico templo? Ya las piernas comenzaban a temblar y la luna preparaba el desayuno para su consorte el sol. A lo lejos comenzó a sonar una música suave y melódica; eran los pasos acompasados de una yunta de mulos que se disponían a visitar a la máxima responsable del delirio del que disfrutabamos: La viña.
Si no recuerdo mal creo que era mediados de Febrero. El frío, según me contaron con posterioridad, esa mañana tenía un color negro azabache. No obstante en ningún momento llegué a ser consciente de la realidad exterior.
Bajo mis pies tenía un mundo nuevo, extraño, limpio y envolvente que me poseía por completo y del que me sentía elemento imprescindible. Llegó un momento en el que no distinguía si mi mente se encontraba totalmente repleta de conocimiento o si en realidad estaba vacía, ligera y sin ningún peso. Todo lo que se desarrollaba a mi alrededor era desconocido para mí y sin embargo preveía los acontecimientos posteriores.
De repente la música melódica y suave dejó de sonar. Se oyeron tres secos golpes con la mano de hierro de la vieja puerta de madera. Creimos que alquien venía a arrancarnos del majestuoso templo; pero no fue así. Abrí los ojos con enorme dificultad y regresé al maldito mundo real. Se escuchó el maullido del gato romano y en el mismo instante en que terminó una voz ronca y algo “tomada” debido al frio gritó: ¡ Amos! ¡Que es mediodía!. Se trataba del mulero. No tuve más opción que echar los pies al suelo y quedarme con el consuelo de que durante el día me disponía a mimar a la madre del maravilloso mundo ficticio: La viña
Hoy no tengo un buen día. No sé con certeza si es debido a la mala tarde noche de ayer o a los malos presentimientos que tengo para mañana. No sé con seguridad si es la consecuencia de haberme levantado con el pie izquierdo o de haberlo hecho con el derecho; pero hoy no tengo un buen día. Más de doscientos años de historia se van al garate. Tal como os lo cuento: El botillo de vino que tenía reservado para el mes de Agosto se ha ido a vinagre. No el botillo sino el vino. No me voy a detener a investigar ni la causa ni al culpable. No voy a contratar a ningún perito para que me confirme lo que ya sé: no lo había cuidado lo suficiente, por eso se ha ido a vinagre. Un consuelo sí que me queda: Es un excelente vinagre, y pensándolo bien en lugar de acompañar las migas con pescaito frito o asado, las rodearé de pescao en escabeche y una ensalada de lechuga, acompañamiento éste que necesitan de un Excelente vinagre.
Aparte de esto me están sometiendo a un estudio, no por parte de peritos sino por parte de especialistas. Ya han sacado las primeras conclusiones: Soy alérgico al progreso. La enfermedad es nueva el tratamiento está aún por descubrir, aunque ya me han tranquilizado diciéndome que de ésta escapo. También un consuelo me queda: No contribuiré a la destrucción de lo que nos queda. Además ya lo he decidido. El botillo del vinagre se queda para vinagre; si no puede hacer buen vino hará excelente vinagre.
Creo que lo dicho al principio: hoy no tengo un buen día. No sé cual es la razón para que pongan al hombre a cuidad de los Dioses, cuando debiera de ser al contrario.