Costa Tropical y su futuro
11. Julio 2007 | Por gunther | Categoria: Actualpara no perder el ritmo, pongo el comentario de tiburon a la primera. en cuestiones a Melicena hay que mencionar el foro de Ruben, en rubenmelicena.iespana.es.
TIBURÓN:
“Parece que poca gente lee los periódicos, o se informa de lo que pasa por el mundo civilizao;en Melicena no hay limpieza, ni depuradora, que hasta la mar echa peste; la playa del pueblo con cascos de botella, con pañales, alambres, plásticos; es esto política?
Qué tienen que ver los verdes ahí?
Esto es cuestión de CONCIENCIACIÓN, y nada más.Cuando leo en los carteles: PLAN DE EXCELENCIA TURÍSTICA es pa morirse de verguenza. ¿ qué pensarán los millones de viajantes que pasan por esa carretera? Y la cantidad de “responsables”políticos( del PP-del PSOE)imputados por prevaricación, corrupción urbanística,etc? Esto parece tercermundismo ¿ Quién se quiere forrar con tanto piso? Si ese solar es pura arena que trajo la rambla, ¿cómo puede ser de alguien? Me equivoco? No tiene Melicena interés en que se le deje un sitio donde respirar, y donde puedan los vecinos recrearse,divertirse?
Habéis leído el informe de unos diputados europeos que han venido este mes pasado a Almería? Menuda publicidad! Se habla de delincuencia urbanística, incluso de mafias,etc.Qué mundo, qué sociedad queremos para nuestros hijos? Ladrillo y más ladrillo. Y unos se forran y se hartan de reír cuando nuestros hijos no tienen ni para pagar la mitad de un alquiler con los 900euros que ganan sudando los 365 días.¿Dónde está la polémica? ¿Qué estamos haciendo con nuestra tierra antaño tan hermosa?Da asco ver cómo unos pocos promotores han convertido nuestro litoral”TROPICAL”en un Muro de HORMIGÓN:Torrenueva AY; Calahonda AY AY;Castell DE FERRO AY AY AY ; La Mamola qué dolor; Muchos habláis del DERECHO y que si la ley lo permite ó no. Ya sabréis quién hace las leyes. Yo prefiero hablar de convivencia, de bienestar,de paz….No tenéis sueños de futuro?”
gunther









Después de dos largos años en los que las inclemencias del tiempo obligaron a tomar decisiones drásticas fui forzado a abandonar el pueblo que me vio nacer, crecer y pensé que no me vería morir. La decisión además de drástica y dolorosa fue muy meditada. Resultaba necesario irse lejos, cuanto más lejos mejor. Es por ello por lo que decidí refugiarme en un paraiso al sur del continente virgen. El color amarillento del paisaje, las temperaturas elevadas, el olor a hierba seca me mantuvieron en contacto con mi vida anterior. El tiempo fue pasando lentamente y en una de mis visitas al mercadillo del líquido, alguien se dirigió a mí en un lenguaje que me pareció familiar: era Alpujarreño. En ese mismo instante regresó a mi mente toda la juventud que me había ido dejando en aquellos barrancos. La diferencia de edad, de cultura, de mirada y de experiencias sufridas contribuyó a que la conversación fuese además de amena,rápida y sobre todo enriquecedora. La noche resultó pesada y el líquido adquirido en el mercadillo se encargó de apartarme de la realidad. Todo en mi mente eran añoranzas, olores imaginados, sabores ya descubiertos con anterioridad. Todo resultaba en realidad un sueño. A la mañana siguiente volví a contactar con la joven, la cual me informó que volvía a su tierra sobre el mediodía. No tuve tiempo de reflexionar, ni de calcular, ni de pensar. La decisión la había tomado cincuenta años antes. Me volvía con ella.
Durante el periplo le hablé, que no hablamos, de personas, de personajes que también se vieron forzados a abandonar sus raices. También de cuadras, de caminos, de carreterillas, de barrancos, de mulos, de almendros, de higueras, de algarrobos, de chumbos en el mes de Julio y sobre todo de cepas, de sarmientos, de cubas, de toneles, de garrafas, de vasos, de vasillos, de arrobas, de sueños dormidos, de despertares soñados, de blancos, de tintos, de rosados, de olores olvidados. Ella sólo se limitaba a escuchar y a mover la cabeza negandolo todo con una tenue sonrisa de estupefacción dibujada en sus labios.
De pronto afirmó: “hemos llegado”. Al descender de la nave volví a sentirme un ser totalmente extraño. Este no era mi lugar ni mi refugio. Aquí no podían estar mis raices. No conocía nada. Logré orientarme al ver Sierra Nevada a mi espalda y el Mar en frente. Era imposible averiguar el lugar donde me encontraba. Ella fue quién me dijo: Estamos en el Aeropuerto de la Chalupa”
La descripción del paisaje que nos rodeaba fue dificil de asimilar. Busqué el verde a media altura de las viñas en el mes de julio, el de las higueras y breveras, el de los algarrobos. Busqué el amarillo a ras de suelo de hierba seca o de algún campo de cebada o avena dispuesto a ser recolectado. Busqué el marrón blanquecino de mi tierra sedienta. No encontré nada.
Todo era verde artificial, casas blancas con porche a la entrada, mesas y sillas imitando a la madera vacías, perros negros ladrando continuamente, albercas azules, campos inmensos simulando pertenecer a la naturaleza, rios artificiales, lagos muertos y carteles, muchos carteles: “Campo de Golf la Jarilla”, “urbanización Cerro del Madroño” “Piscina cubierta la Monstesina”, “Area recreativa Cerro de Cifrán” “Hotel el Portichuelo”, “Restaurante el Chaparral…
Volví la mirada hacia atrás: Gris oscuro, inmensas explanadas forradas de asfalto y hormigón. Lenguas en todas direcciones. Almería, Granada, Alpujarra Alta, Sierra Nevada, Complejo Turistico Rubite el Alto, Residencial Los Yesos… Eran culebras alargadas en su época de letargo.
Llegamos por fín a la venta y dirigí la mirada hacia abajo, esperando encontrar un resquicio, aparte de los nombres, con el que satisfacer a mi alma. Nada. Más verde artificial y más concentrado si cabe. “Village Sorvilán”, sólo el nombre. ¡ Por todos los Dioses! ¡Donde está mi Pueblo! Descubrí un cartelito: Casco Antiguo. Hacia allí desfilé, creo que sólo. Hasta llegar a la primera ruina de la primera bodega el suelo parecía temblar y mis cinco sentidos dejaron de acompañarme.