Tierras de Viñedo 2020 (II)
16. Julio 2007 | Por es | Categoria: Actual, bodega, vinoa continuación de Tierras de Viñedo 2020:
Entré al pueblo por donde siempre se había entrado; por la bodega de Don Hermene. A mano izquierda encontré el resquicio que buscaba, el cementerio, que se conservaba exactamente igual que el recuerdo que mi mente almacenaba. Sus cipreses, sus apartamentos de tre metros cuadrados, su verja negra, sus muros blancos, aunque también habían osado ponerle un poco de hormigón. Calles para que los muertos anden.
Esto hizo que mis sentidos de nuevo tomasen vida. Como decía la bodega no era tal. Había sido reformada en su totalidad convirtiendose en un caserío inmenso que cogía de la mano a un abandonado huerto. Grandes terrazas arriba, multitud de ventanas en medio, y cemento mucho cemento abajo. Y perros, dos perros ladrando. No estaba habitada pero sí que la estaban preparando. Lo deduje por el continuo ruido de muebles y al ver asomarse a una joven a una de las terrazas a sacudir una vieja alfombra, que para más inri era verde.
Continué el recorrido. A la izquierda bodega de José Maldonado, a la derecha la de Alonso y José García, a la Izquierda Luis Viñolo y a la derecha la de Ramón Lopez. Ya en la placeta y a la derecha José Romero, y la de Manuel Maldonado. Ninguna se mantenía en pie. Todo eran ruinas. No obstante presentí que debería de existir algo vivo. No podía estar muerto todo. Yo estaba allí y estaba vivo. Subí el callejón hacia arriba buscando la de José Castillo, nada. Atrás, la de Cayetano Garcia de la Torre.. no. Más atrás, la de José Viñolo, hacia la Fuente arriba; Miguelico, tampoco. De nuevo hacia atrás; Manolillo, Gunther, Evaristo, José el cohetero, Juan Viñolo, Antonio Viñolo. No. Hacia adelante a la derecha y luego hacia la izquierda: El diezmo… José Luis Galdeano. Hacia atrás; José el de Evaristo, Agustín… ¡ Ya está! ¡ Joseico!. Negativo. Garrigues, No. De nuevo a la Fuente de arriba. Ahí siempre se ha conservado casi todo. Paco Maldonado… Tampoco. Vuelta a la placeta.
Intenté disfrutar de lo único con lo que no pudieron: La mar, aunque rodeada de grandes puentes y de moscas revoloteando a su alrededor. No solo se veían sino que también se oían. ¡Malditas moscas cojoneras! De todos los colores. ¡estamos rodeados de moscas y moscones! moscas negras, moscas verdes, moscas azules, moscas metalizadas. Moscas y más moscas. Y sus parejas los moscones, y sus hijos los mosquitos… En tal pensamiento me encontraba cuando la vista decidió mirar hacia la Izquierda y descubrir, junto con el último veraniego rayo de sol un trocito de verde natural. Era una casa que aunque a primera vista no existía, su chimenea si que asomaba al dar ese último rayo de sol. Olía a Chino.
HOMBRE DE BODEGAS








accedí a lo que ahora era una cueva por el lugar donde me indicó el rayo. Destapé la chimenea y me introduje de espaldas. Primero los pies y descendí por una escalera puesta al efecto. Deduje que alguien había estado recientemente. No había telarañas y, ni mis manos dejaron huella alguna en la escalera ni la escalera dejó huella alguna sobre mis manos. Una vez que la vista se hizo con el lugar descubrí una caja de mistos grande y a su lado una gran vela que parecía el cirio pascual. Encendí y… ¡ Dios Baco! todo estaba impoluto; cinco vasos colgados boca abajo de un artilugio de alambre, media arroba de las antiguas sujetando la pared; un rastrillo, un pesamostos, fotos, un menea mostos de madera, arandelillas de azufre, pajuelillas, desconchones, talega del trasiego, una tina, un cepillo de raices, restos de papas entallecias, una ristra de ajos vaciaos.. una gomilla, y como siempre, a la izquierda, el continente. Un tenelillo de unas veinte arrobas y una silla de anea con el culo roto para acceder. Abrí.. ¡Madre mía! ¡gloria bendita! ¡ Qué manera de temblar!
Me senté en la silla y respiré hondo. No sé durante cuanto tiempo. Volví a intentarlo con el vaso enganchado a una caña. ¡Ahora sí!. El extasis absoluto. Lo probé… medio vaso; lo apuré (Quiero decir el vaso que no el tonelillo), y otro, y otro y más, y no sé cuantos más… Tapè el tonelillo y al colgar el vasillo en su sitio me dí en la cabeza con un saco de hilo pita. Por fuera era marrón. Por dentro Verde oloroso. Creo que no es oportuno dar los nombres de los que aquella maravillosa noche me acompañaron, pero os digo que fueron muchisimos, y muchos sitios. Cante, risas, baile. Sentidos besos, fuertes abrazos, efusivos saludos y alegres despedidas. Ya sí que podría estrenar mi apartamento con tres metros cuadrados. Mi pueblo me ha visto morir.
FIN.