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El hombre y el vino: vidas paralelas - vida y vid (III)

3. Septiembre 2007 | Por HOMBRE DE BODEGAS | Categoria: Actual, El Mundo de los Bodeguer@s

noche de bodas

a continuación de El hombre y el vino: vidas paralelas - vida y vid (II)

La primeras noches de la pareja son apasionantes y apasionadas. Dicha pasión es silenciosa e íntima, a base de pequeños roces, procurando los amantes no despertarse de su féliz sueño. Pasada esta toma de contacto de ensoñación, la pasión se desborda y se expone sin ningún tipo de tapujos a todo aquel que visite la morada. El maestro que dirigió la ceremonia de unión tiene la obligación de visitar y asistir a la pareja durante cuarenta noches, en las cuales su función consiste en animar y mantener viva la inclinación y preferencia mutua de los consortes.
Este periodo de tiempo resulta crupcial para lograr un pleno desarrollo de la personalidad. De nuevo aparece el espíritu de la madre en el fondo de la relación. La entereza y firmeza del carácter no se puede adquirir sin la ayuda o colaboración de terceros. De aquí que de nuevo se recurra a la figura de la madre, presente siempre hasta el fín de la vida. Ahora es creada por el propio hijo debido sobre todo a su añoranza y a que su autosuficiencia aún no ha alcanzado su plenitud.
¡Cuántas noches a la sombra de una luz tenue escuchando el constante murmullo de la pareja! ¡ Cuántos consejos oídos y ofrecidos para continuar su vida en común! ¡Cuánto silencio sobrecogedor! ¡ Cuántos hechos con tan pocas palabras! Quién no lo haya practicado que lo intente y se una al suave compás producto de la pasión de amantes.

Una vez transcurridas estas cuarenta noches de frenesí y desenfreno se alcanza el momento culminante o clímax, rompiéndose las cadenas y vínculos para alcanzar la libertad plena. Ahora ha llegado el momento de caminar sólo en compañía de su pareja.

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