¡Tapicerooooooo….!
8. Noviembre 2008 | Por barrancario | Categoria: ActualSon tres. Jóvenes. Creo que vienen de Córdoba. Y hace días que llegaron a la plaza con su furgoneta, su máquina de coser, sus grapadoras neumáticas, sus espumas y sus rollos de telas para apañar toda clase de mueble tapizable. Durante el día despliegan al sol su taller móvil y curran con pericia y rapidez. A la tarde se recoge todo hasta el día siguiente. Ya han hecho las delicias de las posaderas de más de media comarca. Ahora, desde la plaza de abajo de Sorvilán, se encargan de arreglar todo lo de Rubite y Polopos. Son los herederos de aquellos que venían en familia y con mulos cargados de anea y acampaban por semanas debajo del árbol a trenzarla en los culos rotos de las sillas.
Siempre llevan los nómadas un fresco aroma a libertad agridulce con ellos. Lo mismo pasaba con el afilador, aquella figura errante que pasaba cada año con su bicicleta, o su motocicletilla cuando se modernizaron los tiempos, avisando con su particular chiflota de que era la ocasión de dar filo a cuchillos y tijeras. De ellos se decía en toda España que eran gallegos, y en los pueblos de estas costa se les consideraba de mal agüero porque como los cormoranes traían malos vientos. O los de, a la cal blanca, que todavía vienen con su furgonetilla tan vieja como ellos llena de pedruscos calizos que venden por arrobas. Claro que ahora, con la modernización de los medios de trasportes las distancias se achican, y hay muchos que vienen en un brinco con melocotones de Murcia, o melones de La Mancha. Pero me acuerdo de aquél viejecillo que venía con su borriquillo vendiendo los tomates y pimientos que traía en los serones de esparto. ¿Cuanto tiempo tardaría en recorrer los cortijos suficientes para acabar su mercancía y qué aventuras rurales le sorprenderían en el camino? A lo mejor no era tanto, porque recuerdo a un pescador de la Rábita que me contaba cómo en su juventud subía, con el cesto de boquerones en la cabeza, hasta Trevélez, en el día, para que llegara fresco. A mí siempre me pareció increíble. Pero al parecer fue cierto. Pues si no estás de acuerdo con lo que te pago por el kilo vete a venderlos más arriba, decía que le decían los parroquianos cuando no quería acordarse a sus regateos.
¡Cuanto ha cambiado la escena!, como se dice ahora. Esperemos que no llegue la crisis a reponer la obra.










Muy grata noticia la que acabo de leer. Espero que se aproveche la gente del pueblo para renovar esos tapices butaqueros y esas sillas medio desconquijás. Parece que son oficios medio desaparecidos, pero ahí está la prueba de que todavía existen. Seguro que con el buen vino del pueblo , el trabajo se hace más llevadero.
Muchas gracias por la noticia y la foto, amigo barrancario.
Luis García