Revelación
17. Noviembre 2008 | Por barrancario | Categoria: Actual Hace mucho que el Barranco ya no es barranco duro y estanco. Ahora, y dependiendo de ciertas condiciones previas, en más o menos hora y media, menos de la media de lo que necesitan la mayoría de los madrileños para ir a trabajar cada día, estamos conectados con la atmósfera urbanita de Granada, Málaga, o Almería. Y como ya tampoco estas ciudades provincianas son lo barrancos con calles que hace poco eran, pues ahora el, por llamarlo de alguna manera, cosmopolitismo cultural y la mundojolía, llegan cada vez más lejos y más pronto hasta los más pequeños núcleos pueblerinos, resulta que uno puede respirar, al menos en cierta medida, los oxígenos globales. Que falta hacía antes y falta hace que sea más ahora.
También llegan los yogures desnatados y los lactobacilos flora que ayudan a controlar el colesterol y la presión arterial. Y los móviles a los pastores. Y las viagras y levitras a las barras de los bares (sí, sí, a la barra expendedora de los bares de ciertas localidades, que lo sé de buena tinta), y, muy cerquita, solariums (que hay que ver que lleguen solariums a estas tierras), tiendas de piercings y tatoos (palabras estas que ya son hasta corrientes), y…
En otras palabras. que hace treinta años, en estos pueblos, incluidos los de la costa, eran cuatro monos los que conocían a los Roling y vivían lo hipi como una auténtica “Revelación” de vanguardia cuando ya hacía veinte años que eso había pasado de moda y lo que corría por las calles de las urbes era el Punk, y ahora, al mismo tiempo que se estrena la última película de Woody Allen en Nueva Yorck, se estrena en los cines de El Ejido. Donde por cierto, vinieron los Roling hace poco en forma de momias y a cobrar de lo lindo, sacando por una entrada lo que no hubieran sacado a ese mismo pagano hace treinta años ni por la vida de su madre. Todo un cambio. Qué maravilla. Gloria al que haya hecho posible el milagro. Que mejor dios no habrá jamás mientras dure.
Así que, pues eso. Que como ahora el Barranco ya no es sino un barrio aireado y tranquilo de la city, y uno puede pensar irse al centro un sábado a la tarde, pues ayer me puse yo en Graná y me fui a ver al Leo Bassi. Bufón mestizo y ateo, donde los haiga. E internacional. La próxima actuación es en Chiapas. Que nos traía, organizado por http://granadalaica.org con motivo de celebrar el Día Internacional del Laicísmo y la Libertad de Conciencia 2008, la auténtica Verdad, subyugada desde los tiempos cavernarios hasta ahora, en su “Revelación”. Hubo lleno total. Y estuvo de puPIIIIIta madre.
Me gustó la sencillez y la naturalidad y la absoluta falta de esfuerzo por pretender ser más que lo que era. Que era, por cierto, naturalmente bueno. Y suficiente. Además de lo mejor. Me reí, que es lo mejor que le puede pasar a uno. Y me conmovió la perla del número del piano, donde Leo les dice a los vendedores de Falsarias Trascendencias mistilentes la forma que tiene un bufón de trascender al universo, con la sola ayuda de un par de calcetines sudados y un piano de mentira, una música de fondo y su arte, representado, eso sí, según aclaración expresa, gracias al amor místico del público.
Nada, si queréis saber más www.leobassi.com , y si tenéis ocasión de ir a verlo alguna vez en alguna parte, id. Si no creéis en dios, claro, porque si creéis corréis el peligro de salir no creyendo. O escandalizadísimos. Aunque no hay problemas, él, después de diez minutos de espectáculo, avisa, y da un minuto para que si alguno se arrepiente se salga, que le devuelven el dinero.
Una hora y media después estaba subiendo la Cuesta de Camacho. Y mientras oía los coros del Mesías de Händel en el emepetrés del coche alucinaba mirando la sierra nevada a la luz de la luna casi llena al otro lado del valle. Tenía un brillo esplendoroso y frío y viéndola me recorrió un calambre de revelación y unión gozosa al Universo parecido al que había tenido Leo con sus calcetines en el escenario. Después seguí pensando en el otro lado del espejo y en el provecho que sacan de eso las puPIIIItas religiones, en Händel, componiendo con su pelucón blanco sublimes músicas religiosas y óperas barrocas y mundanas al tiempo que quería morir en viernes santo y en cómo lo llevarían los espíritus libres de aquel mundo del siglo XVIII, y en los tiempos aquellos, tampoco tan lejanos, en los que el Barranco era un barranco ajeno de verdad al Mundo por completo y la secta esta de la que venía de reírme andaba imponiendo sus gilipolleces con la santa inquisición o las fuerzas rurales del orden franquista. Mucho me fueron contando de esa vaina amarga las ruinas de cortijos que pueblan las laderas de la ruta, ya casi confundidas con la tierra en su camino a la nada o a la reconstrucción por mano de ingleses, sino por completo irreverentes, al menos protestantes, como Händel. Al entrar en el alcornocal del Haza del Lino salió tranquilamente de la cuneta un viejo y solitario jabalí. El más grande que había visto nunca. Y se metió como si nada delante de las luces de los faros. Despacito. Y se quedó ahí, el muy cabrón. Un buen rato. Nosotros con el coche casi parado. El andando con alegre trotecillo casi que juguetón, como un poco borracho. Y luego de hacernos el shou se dio la vuelta y salió de escena por donde había venido, igual de tranqui, perdiéndose en la luna entre las sombras de los matorrales. Nunca había tenido tanto tiempo de observar a uno. Tenía las cerdas del lomo espesas y muy tiesas y algo muy grácil y ligero en la forma de mover su figura porcina. Mira, como Leo cuando bailaba vestido de Benedicto, nos dijimos.
Y empezamos a bajar la Contraviesa. Enfrente el mar soberbio y plateado. Más allá, los moros y los negros.









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